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martes, 20 de marzo de 2012

Takashi Murakami y su relación con el postmodernismo

¿Quién no conoce a estas alturas a este personaje? En 2009 visitó nuestra villa con motivo de la exhibición individual que nos ofreció el Museo Guggenheim de Bilbao.

Takashi Murakami es uno de los artistas asiáticos más reconocidos e influyentes de los últimos tiempos. En su obra podemos apreciar una visión crítica de la sociedad nipona actual, el pasado cultural del país, su evolución y su relación con occidente.



Nace en Tokio en 1962, y tras cursar sus estudios en la Universidad Nacional de Bellas Artes y Música de Tokio, hizo un doctorado sobre el Nihonga, un tipo de pintura tradicional japonesa que combina cualidades artísticas de oriente y occidente, temas típicos y utiliza pigmentos naturales, a modo de pastiche. En todo su trabajo vemos una síntesis de diferentes corrientes artísticas, mezclando las antiguas prácticas japonesas con otras contemporáneas, como el manga y el anime, y también con la cultura americana del Pop Art y el Surrealismo europeo, cualidad destacada dentro del marco teórico de la postmodernidad. Además ha experimentado con diferentes expresiones artísticas que van desde lo más clásico, como la pintura y la escultura, hasta el diseño industrial, la moda, el anime, y el merchandising de la cultura popular, ligado al mercado del arte. Poco a poco va disminuyendo las diferencias entre obras de arte y objetos de consumo. Al mismo tiempo, utiliza una amplia variedad de soportes, como son los bolsos, directamente paredes de salas enteras, que nos sirven para introducirnos dentro de la obra…





Analiza la estructura del arte, difuminando los límites entre la alta y la baja cultura. Crea personajes y objetos que se van a convertir en iconos como es el caso de Mr. DOB, creado en 1993 como su alter ego. En los últimos años su lenguaje se está volviendo bastante abstracto para que sus personajes tengan muchos significados.



Sus obras reinterpretan la realidad que las envuelve encarnando traumas, deseos y esperanzas de una sociedad occidentalizada, sin ningún afán de transformar la vida cotidiana, pero criticando la falta de identidad de su propia cultura contemporánea.
El contraste de los opuestos va a ser un tema recurrente en sus trabajos, tratando el bien-mal, la dulzura-perversión, el humor- lado oscuro. Es frecuente que por ejemplo obras que a simple vista resulten alegres, tras una segunda lectura más a fondo, revelen un lado más oscuro.

Aportación estética de su trabajo

Las apariencias engañan y en el caso de la obra de Takashi Murakami, clasificada por el propio artista dentro del movimiento Superflat, “por el que concibe la pintura con un juego de colores planos que contrastan a través de la intensidad y las distorsiones, que se consiguen sin renunciar a la programación informática. La vistosidad y narratividad de su obra la hacen atractiva para todo el público, pero bajo ella hay un subtexto bastante profundo.” [1]
En su obra encontramos alusiones a la influencia de la cultura de occidente, y a la historia de Japón, a menudo camufladas en obras de apariencia infantil, pero con una dura reflexión, como es el caso de las setas, que hacen referencia al impacto de las bombas atómicas en la sociedad del país.


[1] MIRANDA, Luis. “Murakami siembra la estética y la reflexión en las paredes de Vimcorsa” [En línea] Diario ABC. 15-09-2010. Disponible en Internet. http://cordoba.abc.es/20100915/cordoba/murakami-siembra-estetica-reflexion-201009150836.html