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sábado, 25 de febrero de 2012

Pequeñas cosas

Después de tantos viajes, estancias prolongadas en el extranjero, horas interminables en los aeropuertos, llego a la conclusión de que como en casa, en ningún sitio.

¿Quién no ha deseado dar un cambio en su vida y probar cosas nuevas? Hoy en día, gracias a la beca Erasmus, cualquier estudiante tiene la posibilidad de experimentarlo. Un semestre o un año fuera de casa, mudarse a otro país, otra ciudad, una cultura diferente, gente nueva... Residencia o piso de estudiantes, sólo o con compañeros. Es una gran oportunidad para aprender a vivir fuera del amparo de nuestros padres. Muchos amigos, fiestas, viajes, estudiar...

Pero no siempre los viajes son tan placenteros, y tras tantos desplazamientos, cambios de países, idiomas... llega un momento en que lo único que deseas es quedarte en casa, y coger un avión solamente para irte unos días de vacaciones.

Mucha gente no comprende que después de tanto tiempo por el mundo, lo que más me apetece es quedarme en mi tierra, rodeada de mi familia y amigos, donde me siento a gusto y donde soy feliz.





Un paseo por cualquiera de los rincones de mi ciudad, cámara en mano, intentando retratar mis sitios favoritos, en buena compañía. Recorrer las salas del Guggenheim y del Museo de Bellas Artes, tomar unos pintxos en alguno de los bares del Casco Viejo. También fotografiar la naturaleza en estado puro como un insecto sobre una flor, un atardecer... El sonido de las olas, el olor de la hierba, la brisa marina ... pequeñas cosas que, esté donde esté, me recuerdan al hogar.  ¡LOS PLACERES DE LA VIDA!

martes, 13 de diciembre de 2011

It's time to say goodbye!

Mi aventura neoyorquina llega a su fin y mañana a estas horas estaré en el avión, regresando a mi querida villa de Bilbao.

Han sido 3 meses en los que he aprovechado cada minuto y en los que he disfrutado de todo lo que esta maravillosa ciudad ofrece. Sus cientos de museos y galerías de arte, su variada gastronomía, sus preciosos parques, la amabilidad de sus gentes... forman un todo que definen la metrópoli.

Hoy he tenido el privilegio de asistir al MoMA por última vez en una visita muy especial. Al ser martes, el museo estaba cerrado al público y he aprovechado la ocasión de pasear por sus VACÍAS salas ¡SOLA! Ha sido como regresar a Venecia, donde las conversaciones con las obras eran privadas, sin millones de turistas pasando por delante de ellas, sin pararse apenas a observarlas con detenimiento. ¡Estábamos las obras y yo!   La sensación indescriptible al estar sentada en la estancia de las ninfeas de Monet, ver cara a cara las Señoritas de Avignon de Picasso, rodear las fantásticas esculturas para observarlas desde los diferentes puntos de vista. ¡Insuperable!







La próxima entrada en el Blog será ya desde Bilbo, donde lo primero que haré será visitar las exposiciones del Guggenheim (Serra-Brancusi) y del Museo de Bellas Artes (Antonio López). No veo el momento de aterrizar en Loiu y respirar el aire puro de las montañas del norte, pasear por la Gran Vía bajo las luces de navidad, premiar a mi paladar con unos buenos pintxos del Casco Viejo...

Pero no os creáis, echaré de menos la Gran Manzana, donde cada día que ponía un pie en la calle y cada minuto que pasaba entre sus calles aprendía cosas nuevas, donde viví experiencias inolvidables y donde aprendí a conocerme mejor a mí misma.

Para los futuros viajeros que deseen disfrutar cada segundo en New York, escribiré una entrada sobre los lugares que no deben dejar de visitar, ya que os sorprenderán, con mis recomendaciones museísticas, gastronómicas, etc.

¡Un último saludo desde NYC!